“Entre trajinantes, pellejos y cecinas”

El pasado lunes 9 de Julio tuvimos la oportunidad de disfrutar de un estupendo día en Villarramiel de la mano de nuestros compañeros Carlos “Jaitín” y Mari Carmen.

El día se nos quedó corto. No imaginábamos que este pueblo de “trajinantes” nos iba a ofrecer tantas cosas por descubrir.

Tras un paseo por las calles del pueblo nos sorprende la gran cantidad de casas bonitas  que hay, muchas de ellas con forja, con sus típicos “sobraos” y “humeros”. Las plantas bajas de las viviendas atestiguan como la mayoría de ellas fueron  en su día comercios.

Visitamos la fábrica de curtidos de Jesús Prieto Agüera. Una empresa familiar que ya va por su cuarta generación.

 

Muy amablemente nos desvelaron losentresijos del proceso de fabricación: cómo descarnan las pieles, las corchean, las tiñen, les dan aceite, las pulen y les dan el grosor adecuado dependiendo del uso al que vayan a ser destinadas.En Villarramiel hubo hasta 115 fábricas de piel de las que actualmente quedan 7.

También hay fábricas de cecinas. Emeterio Sánchez nos enseñó la suya, con la gran suerte de que pudimos ver cómo despiezaba la carne de caballo para la posterior elaboración del producto, lo que en esta casa se sigue haciendo de manera artesanal.

Angustias, encargada desde hace muchos años de la biblioteca nos dejó echarle una ojeada. Fue la primera biblioteca pública de la provincia, fuera de la capital. También nos facilitó el poder ver una de las “casas de cultura” más curiosas que hemos encontrado, porque además de exposiciones, y dada la tradición de los “pellejeros” por los festejos taurinos, alberga los chiqueros del pueblo. Desde aquí se sueltan las vacas en los encierros de las Fiestas de San Bartolomé, el 24 de Agosto.

Después, y ´”como está mandao”, tomamos “el vermú”…y ¡a comer!…La familia de Carlos nos hizo un hueco en su mesa y pudimos degustar  productos típicos y disfrutar de una agradable sobremesa en su compañía. La suerte nos seguía  acompañando: un concierto privado de órgano y viola nos esperaba en la Iglesia de San Miguel.

¿Habéis estado alguna vez dentro de un órgano? Pues os aseguramos que es toda una experiencia.

Aquí no acaba la amabilidad de sus gentes. Personajes como “Pachin” que nos abrió la puerta de su museo,  Arturo que nos regaló unas pulseras de cuero hechas por él mismo o Mari Carmen que nos obsequió con información y una bandolera del pueblo, nos hicieron sentir como en casa.

Aún nos dio tiempo a ver la Iglesia de Santa María, con su impresionante sagrario, pero nos quedamos sin visitar el Casino, sin acercarnos a las afueras para ver la Ermita dedicada a la Virgen de las Angustias, sin dar un paseo por el Canal de Castilla, al que ellos llaman “La ría”… ¡Habrá que volver!

Letrilla:

“Villarramiel, Villarramiel, Villarramiel                

Yo no te olvido ni te aparto de mi vida.

Y si algún día me voy para Alemania,

A San Bartolo vendré como turista.”

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